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He aquí mi relato y mis recuerdos fracturados, a 42 años después del sacrificio escribo con pasión desde el Senado de la Patria…
Además de haber vivido el tiempo del sacrificio y el heroísmo que nos legó el Comandante Ernesto Che Guevara, es decir la batalla de los guerrilleros idealistas, soñadores de un mundo de justicia y paz, me permito evocar al médico escritor Dr. Reginaldo Ustariz tomando fotografías al cuerpo yerto del CHE en la lavandería del hospital en Valle Grande, denunciando que no murió en combate sino que fue asesinado en la Higuera porque el cuerpo aún estaba caliente sin rictus post mortem ni rigidez cadavérica.
Evoco también a Jorge Suárez el poeta eximio y a Martha Urquidi Anaya su querida esposa literata e historiadora guardando delicadamente las manos cortadas del CHE en un secreto lugar; evoco Jesús Lara el escritor insigne comunista de línea, suegro del INTI Peredo, quien protegió en su hogar al guerrillero y más tarde, renunció al Partido Comunista por dejar indefensa a la guerrilla gracias a Monje traidor su presidente, traición a la historia, al Che y al partido en su historia; con respeto y gran amor evoco a la Dra. Rina Tapia de Guzmán, quien operó al guerrillero colaborada del Dr. Juan Iriarte y su esposo en la clínica Iriarte de San Pedro en Cochabamba.
Recuerdo con pasión el mismo lugar de su captura al fondo de la quebrada del Yuro, el Che agotado, acorralado, inerme, guarecido detrás de una elevada piedra disparando sin mira ni descanso, en un momento último la herida de bala en la pierna, la carabina destrozada actual trofeo en poder del yerno del General Zenteno, el responsable quien ordenó el crimen luego de recibir las órdenes precisas de René Barrientos el preparado en Panamá en la Escuela de las Américas; y peor aún, las órdenes impartidas desde la CIA. Evoco casi con llanto el enorme esfuerzo realizado por el CHE herido y agobiado ayudando, mas bien arrastrando al otro guerrillero boliviano herido de bala en el rostro subiendo a cuestas su propio Gólgota, juntos ambos y heridos hasta la cumbre donde se encuentra la escuelita, toda esa enorme distancia alejada y empinada, la misma que yo apenas pude lograr a pesar de mi sanidad física, más qué cansancio, qué fatiga y qué recuerdos.
Finalmente repaso hoy apasionadamente los versos de Mario Lara López, poeta egregio y sobrino de Don Jesús, en su hermoso texto poético.
No me resisto a dejar de transcribir el último paisaje heroico en verso de su libro de poemas titulado: “ÑANCAHUAZÚ” Y EL TIEMPO DE LOS HÉROES.
Se trata de un relato poético del epílogo, el último combate y la caída del Comandante Che Guevara, el guerrillero nacido en Argentina, héroe en Cuba y boliviano de muerte, de eternidad y de mensaje….
Muy cerca de la quebrada del Yuro…, rodeados de rangers, de traición próxima la muerte…
La Higuera dio el reloj que se vivía,
la gravedad del cerco, la inminencia
de tormentas redes y lebreles.
Como otro anillo el asma en los pulmones
fatigados del Che,
el vacío de las drogas
casi en cero el condumio,
las cuevas de los víveres
perdieron el secreto de la peda
ante las tercas lupas del ejército;
¿Qué trocha abrir en el recurso?:
salir del camuflaje de la selva
en pos del aire monte arriba.
Las delaciones, sones de cencerros,
las ondas del impulso, el incentivo
del relumbrante premio prometido,
la vieja de las cabras, la hondonada;
imposible vendarle las palabras,
su hermano de terrones campesinos
Francisco Herrera el “viejo”, hijo del diablo,
pegado a la denuncia fue al sargento,
convergió en los bolsillos del teniente,
su lengua al capitán, traición sellada.
Octubre ya un puñal, luna en naciente,
su desliz de seguir entre los árboles,
ajetreo en el rostro de la noche
al estaño del río San Lorenzo,
sábado el calendario en siete pétalos,
diecisiete presencias guerrilleras
en lo alto del asedio, a dos mil metros
“la Quebrada del Yuro”
de balas escondidas;
el Chino quebrantado en sus pisadas,
el sueño combatiente hacia el reposo
y el vivac con el viento y las estrellas.
5:30 del alba sin clarines
de gallos, el agreste abecedario
de roquedales, zarzas, fija el día
8 de octubre, el Che le toma el pulso,
determina el análisis del ámbito;
binomio Urbano y Ñato y Aniceto
y Darío por donde el sol asoma,
Pedro y Pacho a palpar pedrones y árboles.
Argos de expectaciones el ejército,
parapetado en cimas y denuestos,
hasta el cólico armado, los avista;
vuelven cual bumerang lanzado al tiempo,
cerebro y corazón el Comandante
ordena darle adiós a la quebrada,
a la del Sud un apretón de manos;
con peros esta vía,
erizado y henchido de enemigos.
Siete intensos baluartes monte arriba
cuatro en la retaguardia su bravura,
el núcleo cinco, el Jefe, y el supremo
instante de la cátedra de lucha.
Arrecia la cadena de soldados
que tienden sus bazookas en las breñas
y su control de agobio en las salidas,
Urbano es un felino con los tiros,
Inti, su reciedumbre de coloso;
Aniceto, la brasa con más brasas;
Pombo, su jerarquía cotidiana;
Benigno, con su acierto y su entereza;
El Ñato, corazón de acero y fuego;
Darío, dinamita de las minas.
Fortalezas de rayo, de montaña
siete contra aluviones,
contra enjambres de “rangers”
y hoces de “boinas verdes”; dardos -Shelton,
guadañas-Sheridan, truenos-“marines”.
Vegetación raída ante Aniceto,
un impacto en el ojo desmorona
sus virtudes de recio combatiente.
La tarde que promedia, el Comandante
amalgama en sus pasos dos quebradas,
el asedio es hoguera que se eleva,
se avivan los fusiles automáticos,
siembran ráfagas cortas por doquiera,
disparos en el centro, uno que lleva
a la gorra del Che su trayectoria,
las metralletas croan como sapos.
Cuánto entrecruzamiento de bramidos,
herido el tiempo viértese en tensiones,
el Chino con sus fuerzas que se enferman,
las de Muganga, flébiles, vacílan,
el Che en nubes de tiros precautela
su pungente, espinosa retirada,
un impacto da muerte a su M-2,
otro en su pierna tiene su hospedaje,
en orfandad de balas su pistola,
los soldados lo atrapan en sus redes.
Después el Che en la escuela de la Higuera
con la fraternidad que es su estandarte,
volviendo al pizarrón su arquitectura:
“valiente” se perfila, señorita,
no con la “b” que tizna
las orejas del burro…”
la maestra se sonríe
cohibida, electrizada, humildemente,
con estupor sin límites.
¡“Matar al Che”! en La Paz se alzan puñales
en actitud de crimen;
un coronel colérico al que siguen
tufaradas de alcohol esgrime el sable
de la provocación mano en mandoble
del Che y la bofetada que revienta
(afuera los disparos desmoronan
dos guerrilleras cumbres: un peruano
y un boliviano caen con su hombría);
alcohol que arde en las venas, precipítase
presto el suboficial, pero dubita;
le insta que se haga tiro el Comandante,
el coronel lo arrecia
el mayor lo ilumina:
“Vamos, Mario Terán, tendrás tu lauro…”
la persuación subida al rojo vivo,
retorna a ritmo firme el elegido,
esta vez presionando decisiones:
la metralleta riega vientre abajo
su proyección de balas homicidas;
con pisadas etílicas asoma
su pistola un sargento;
dispara al corazón del Comandante:
como estrella que agota
lentamente su lumbre,
se extingue la vorágine
de su gloriosa vida de rebelde
y empieza la existencia de su muerte
de rebelde mayor, simiente indómita
floreciendo en los surcos de la aurora.
La CIA en hormigueo intempestivo
atómica explosión con el suceso:
Obreros con los ojos acallados,
estudiantes que arriaron su optimismo,
inundación de flashes, sortilegio
de dedos dactilógrafos y pólvora
en avance de radios y periódicos
la convicción del crimen calculado
fríamente por césares nativos.
Lo que fuera existencia
del prócer, cual trofeo
se irradió en Vallegrande, precisado
por expertos de capa y puñalada
y no ausente el temor en retaguardia
(hasta sin vida el héroe inmolado
infundía el imán del miedo pánico),
soldados en un cerco de apoteosis
en su custodia, altivos de fusiles!
Y después un cubano de la CIA,
colmado de helicóptero, impartiendo
órdenes como chorros de ceniza.
¿Dónde la sepultura tan temida,
dónde su corazón de vasto alcance,
sus pies en varias medias aprontados,
y en tiernas, elocuentes alpargatas
de cuero avejentadas,
sus pies de caminatas indelebles?
Las manos cirujanas, fraternales,
cercenadas del árbol de su lucha
fueron de itinerario inesperado.
(Final del exterminio, el río Mizque
fue sudario de cuatro guerrilleros)
HIMNO CON ESPERANZAS Y PROMESAS…
“Lo han matado, obligándole a morir” César Vallejo.
“….Porque mi corazón no puede más y nuestros corazones
no pueden más, no pueden
en un mundo que deja morir solos sus héroes.
………………………………………….
“Porque los hombres ya no tienen muerte
Y tienen que seguir luchando desde el sitio en que caen
Hasta que la victoria no esté sino en tus manos…Pablo Neruda.
V ESTROFA:
Comandante, el combate no ha acabado;
Ha fijado una tregua su paréntesis
en el alba empinada de claveles
en cualquier latitud americana
surgirá un combatiente y vendrán otros,
y será un batallón y serán muchos
y tus huesos ardientes de heroísmo
redivivos siguiendo el cauce tuyo!
Nuestra patria está en pie, son sus banderas
las que en nosotros surgen
con luto y con promesa
de llevar adelante tu bandera!
Ernesto Che Guevara, Comandante,
Glorioso Comandante no estás muerto;
estás presente y siempre con nosotros!
CONCLUSIÓN: Retorno a mi interioridad y
concluyo emocionado al releer el verso y su mensaje.
Gastón Cornejo discípulo del poeta
y receptor del heroísmo del Comandante
a más de cuarenta años de su muerte física
y a cuarenta y dos años de su existencia eterna…
Así escribió el poeta hermano Mario Lara López,
En Cochabamba en noviembre de 1969
Trovador hoy en tinieblas pero también presente
en mi corazón con su mensaje de valor eterno.
Este es mi homenaje a Mario,
el poeta de profundos ojos negros
el sensible hermano tan querido,
nauta en mi corazón y en mi existencia
ofreciéndome el suyo generoso y bueno.
Al Comandante Ernesto Che Guevara, también mi glosa, mi evocación y mi respeto.
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